El número siete me persigue, oh sí.
Cuando cumplí siete años de edad, el 22 del mes patriótico. A mi padre le dio un infarto. Ese día yo estaba en la escuela y a la hora de salir, me encontré con una prima (de las mayores) que traía una maleta que yo miraba muy familiar, me subió en su coche y me dijo que nos dirigíamos a la capital del estado a su casa, yo no sabía ni qué onda, y pregunté por qué y mi prima no me decía nada. Yo ingenuamente creí que era algún tipo de “fiesta sorpresa” cuando llegamos mi tía me explicó que me iba a quedar ahí un tiempo, porque mi papá está enfermo. Y así fue…
Luego, una vez. En la secundaria tenía clases de corte y confección, clases que jamás me gustaron para nada. Y además, nunca aprendí nada, na-da, NA-DA, NADA. Y en esas clases me pidieron hacer siete, siete… Ahm, no recuerdo el nombre. Eran cortes –o algo así- que se hacían con papel bond. (O sea, de James Bond, gooe) Jamás entregué esos trabajos, obviamente.Y tuve que llevar muchas agujas de castigo.
Y ahora que veo mis tres pasados post llevan siete comentarios cada uno.
Y mañana es siete de enero. Lo que me hace pensar que: el número siete me persigue.
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miércoles, 6 de enero de 2010
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