Puedes leer el manual de Carreño, puedes obedecer a tus padres y tus maestros, puedes tener sexo con condón y ser muy responsable con tu trabajo. Pero también puedes no…
Mariela era hija única, toda su vida la vivió rechazando las enseñanzas de sus padres, maestros, incluso amigos. Mariela era una persona con problemas con la autoridad, a ella nunca le gustó que le mandaran a hacer cosas las cuales ella bien sabía cómo eran, supuestamente. Mariela con su juventud era muy madura, sin embargo hacía mucho alarde de su madurez a los dieciocho. Se confiaba de todo, creía tener el mundo en sus manos, desafiando las leyes de todo tipo. Hacía exactamente lo que sus padres le decían que no debía hacer. Se acostaba con sus compañeros sólo por rebeldía.
A Mariela le gustaba navegar en la web y llenar su computadora de virus, así tenía una excusa para no hacer tareas. No le gustaba la escuela porque sus padres la mandaban, y a sus maestros los odiaba. Sus amigos eran más bien conocidos, o/y compañeros de cama y fiestas desenfrenadas. La madurez de Mariela consistía en que ella sabía a qué meterse y a qué no. Sabía que lo que hacía no estaba bien y que en un futuro todo lo que en su juventud hizo la perjudicaría, sin embargo, para ella molestar a sus padres en esos momentos era más importante que cualquier futuro.
Mariela tenía mala reputación en su universidad, apenas era su primer semestre y se había encargado bien de no terminar el año escolar ahí. Su expulsión se veía cerca, a pesar del esfuerzo sobre económico que sus padres hacían para que la directora no la expulsara.
Sus padres claramente se avergonzaban de Mariela, pagarle a la directora cada mes para que su hija pudiera seguir asistiendo a la universidad era cada vez más bochornoso para ellos. Claro, sus padres eran unas personas narcisistas, no se explicaban el porqué de que su hija no tuviera la más sencilla educación, sus padres, los que pagaban a escondidas a una señora corrupta para que su hija tuviera universidad “segura” sus padres los que conseguían facturas fantasmas para cubrir sus gastos, su padre el que los miércoles por la noches, en vez de ir al club de jazz como le decía a su familia, se iba a los bares más de mala muerte que existían en su ciudad. Su madre la que se lucía con cenas extraordinarias para sus amigas los viernes de reunión. Cenas que, claro, ella no hacía, pero, por supuesto se las adjudicaba, mientras su mucama escuchaba cómo las amigas elogiaban su trabajo en la cocina. Sus padres que comían con los codos debajo de la mesa.
Mariela un día conoció a Samuel, y como era costumbre, se lo tiró. Samuel era un muchacho lindo y honesto, muy educado, encantaba sólo con verlo. Mariela, como también era costumbre no volvió a hablar a Samuel, sin embargo éste, la buscaba en cada momento. Mariela desconcertada de que alguien pudiera interesarse por ella. Comenzaron una relación de noviazgo, a pesar de que Mariela le era sumamente infiel, ella empezó a sentir cosas por Samuel, incluso se podría decir que lo llegó a amar, muy a su manera, pero lo hizo. Mariela metió la pata, no se cuidó y quedó embarazada, ella no sabía qué hacer, para nada quería tener un hijo, tampoco le había dicho nada a Samuel quien seguro querría que se casaran y tuvieran a su bebé juntos. Tampoco les dijo a sus padres quienes seguro la apoyarían por las apariencias y la rechazarían día con día, recordándole lo estúpida que fue. Mariela sólo tenía una amiga a la que podía contar, su única y mejor amiga Rox, le contó todo.
Desafortunadamente Rox estaba muy drogada como para opinar y/o aconsejar a su amiga. Mariela dejó a Rox donde la encontró, tirada a un lado de su cama, drogada y quizá también ebria, no se sabe, Rox estaba muy ida, como también, era común.
Mariela no lo pensó más y fue a un hospital ilegal para que la hicieran abortar. Y así fue.
Después de su aborto Mariela no comentó nunca jamás lo sucedido a nadie, para su fortuna –o no- Rox no recordaba nada de lo que Mariela le había dicho.
Mariela cambió mucho después de lo sucedido, dejó de serle infiel a Samuel, sus notas empezaron a subir, sus malos modales en la mesa y en su manera de hablar seguían, pero se notaba a una Mariela bastante diferente. Su riña personal con sus padres continuaba, pero eso no cambia las cosas. Un miércoles Samuel fue invitado a una cena que la mamá de Mariela haría. Esa noche, la criada de la casa tenía que hacer un festín, el padre de Mariela no podría asistir al bar. Y Samuel, bueno éste se preparaba para ser más educado de lo común y causar una buena impresión.
Una vez los cuatro cenando, Mariela notó algo. Sus padres y Samuel comían como se debía, mientras Mariela hablaba con comida en la boca y reposaba sus codos en la mesa, ahí Mariela tuvo un remolino de pensamientos, ahí Mariela se arrepintió de todo lo que había hecho. Ahí Mariela notó su real desagrado por las reglas, los modales, y sus padres. Ahí, Mariela quiso huir de inmediato, independizarse, como lo debió haber hecho desde que cumplió sus dieciocho. Ahí, en la mesa, en la cena, en frente de sus padres y de las fotos de los familiares en la pared, Mariela terminó con Samuel. Ahí, Mariela dijo: “En realidad nunca he sido nada madura, en realidad ustedes siempre me han caído mal, en realidad no sé por qué tanto protocolo, cuando mi papá gusta de ver mujeres desnudas, cuando mi mamá miente al decir que son suyos los platillos, cuando los dos pagan a una vieja corrupta para mantenerme dentro de la escuela, ¡Ah!, perdón, ella es muy educada. No sé qué hago aquí, delante de ustedes, cuando obviamente no soy de su “clase” Nunca he entendido algo. ¿Por qué carajo comen con los codos debajo de la mesa? ¿No es incómodo para ustedes? He llegado a una conclusión, yo no puedo estar con ustedes. No puedo estar con personas que esconden sus codos debajo de una mesa, como escondiendo sus faltas a la hora de “los sagrados alimentos” No puedo vivir con una bola de basura educada.”
domingo, 21 de marzo de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
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