A mi madre le da por jugar, a veces.
Ya hace como dos meses, en una plática se puso hardcore a hacerme preguntas de las cuáles ella bien sabía la respuesta.
Pero esta vez, quiso jugar con mis hermanos; los castos.
En la mesa, a la hora de la comida, el primero de enero del nuevo año. En el recalentado. Mi curiosa madre soltó una pregunta a mi hermano mayor.
M: Ramiro, ¿Cuántas veces a la semana tienes sexo?
(Cara asustada de mi otro hermano, pequeña sonrisa en mis labios, y comida atorada en la garganta del interrogado)
R: Cof, cof, cof.
(Minutos en silencio, mientras se comía)
M: ¿Entonces? Te hice una pregunta y estoy esperando una respuesta.
R: Jajajá.
(Hermano mayor poniendose rojo como un tomate muy rojo, yo, muriendo de risa, el otro hermano muy serio)
M: Antonio, ¿Tú cuántas veces a la semana tienes sexo?
(Yo, casi tirada en el suelo, muriendo de risa)
A: Yo, mamá, desde ahorita te digo, que no pienso responder nada.
M: ¿Por qué? Digo, el que te despiertes a las 5:00 a.m. para ir a misa no te hace santo. ¿Por qué eres tan cerrado? Ramiro, sigo esperando.
(Yo, mucho más tranquila, Antonio incómodo)
R: Tres veces al día.
(Silencio medio incómodo)
Yo: Y entonces, ¿Cómo es que estás tan gordo? ...
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viernes, 1 de enero de 2010
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